lunes, 15 de enero de 2018

REFLEXIONES EN LETRA ALTA




Quisiera hacer una reflexión en voz alta sobre realidades contrastadas de mi práctica docente. Antes de empezar, y debido a la necesidad de aclarar términos, diré que voy a utilizas el genérico “niño” para referirme a cualquier ser humano escolarizado —es muy difícil buscar palabras sin connotación de género. Que yo sepa, en nuestro hermoso idioma, solo existen tres: masculino, femenino y neutro. Con lo cual, cada sustantivo o adjetivo que indique a un ser humano escolarizado, servirá para género masculino y femenino.
Después de más de tres décadas dedicado a la educación especial en centros escolares y ejerciendo como Logopeda en clínica privada, me atrevo a aventurar una serie de razones por las cuales, los niños con situaciones especiales tienen graves limitaciones en los centros ordinarios.
Los centros ordinarios —para diferenciarlos de los de Educación Especial— son aquellos en los que niños acuden cuando no tienen graves dificultades.
Empecemos por el principio. Cuando un niño debe escolarizarse en Infantil 3 años y trae un diagnóstico médico, se inicia el camino para determinar qué centro será el mejor para su desarrollo. Por desgracia solo existen dos tipos de centros: Ordinario y Educación Especial.
Del primero hablaremos luego. Al segundo son dirigidos todos aquellos que no pueden encajar, de ninguna manera, en el ordinario. Es decir: Síndrome de Down profundo, parálisis cerebral severa, autismo severo y un largo etcétera. Sobre todo, desde mi experiencia como integrante de varios equipos de profesiones de la Conselleria de Educación de la Comunidad Valenciana, que realizaban informes para la escolarización en Valencia, niños de edad escolar avanzada.
Es decir: la educación debe ser inclusiva en el primer momento (etapa infantil), y si el niño es capaz de mostrar una actitud y aptitud para el aprendizaje, la escolarización será ordinaria. Por otro lado, si sus dificultades exceden a los recursos que se pueden asignar en el centro ordinario, solo queda justificar su escolarización en centro de Educación Especial.
Hay que señalar que existen modalidades de trasvase entre los dos tipos de centros e incluso la escolarización combinada.
Lo más habitual es la escolarización en centro ordinario. Con la asignación de recursos. Esa es la recomendación. Y aquí comienzan las dificultades. La ratio de niños con dictamen de escolarización es uno por aula, haciendo que el número total de alumnos descienda en uno menos. Me explico: número total de niños en un aula ordinaria, 25. Niño escolarizado con NEE, número total: 24. Poco es, pero menos es nada.
Se tiende en los primeros años a cubrir las demandas afectivas y relacionales del niño, a que interactúe con sus iguales (en edad)
Y aquí es donde empiezan las dificultades. La asignación de recursos. La ley dice que los recursos se aplicaran en la Educación Obligatoria. Hay que señalar que el nivel de Infantil NO ES OBLIGATORIO, si bien las distintas administraciones tienden a cubrirlo de manera oficial y a integrarlo en los centro.
Subsanado este problema de la manera más eficiente posible, nos adentramos en la enseñanza obligatoria. Aquí va a ser donde se verán las mayores dificultades. Si bien la ley marca que en el primer ciclo de primaria los niños adquirirán la lectura y la escritura, bien es cierto que el que no llega a primero con una buena base, incluso en estado avanzado de lectura y escritura, se va a encontrar con graves hándicaps para seguir el ritmo de los demás.
El desarrollo del niño sin patología en la etapa infantil y primer ciclo de primaria es exponencial, de crecimiento casi continuo. Es la etapa donde más rápido se ven los logros. La eclosión al mundo escolar reglado. Si lo viéramos en una gráfica, sería un vector que se desplaza a toda velocidad hacia arriba, un avión despegando.
Precisamente es esta etapa, primer ciclo, es donde se ven las diferencias mayores entre niños sin patología y niños con patología. La lecto-escritura es un proceso muy complicado a nivel cognitivo, que requiere de grandes habilidades. Cualquier déficit en estas habilidades influirá en el ritmo de aprendizaje. Si bien la ley, siempre la ley o la norma, dice que hay que respetar el ritmo de aprendizaje de cada una, bien es cierto que el aula no está equipada para tratar a todos los niños con sus individualidades. La disminución de la ratio no sirve. Solo son números.
Imaginemos una aula ordinaria en la que está integrado un niño con parálisis cerebral, no verbal, que está aprendiendo a utilizar su ordenador personal como medio de expresión. Hagamos una aclaración: un paralitico cerebral no es un deficiente (en muchas ocasiones), es un ser humano que tiene limitaciones físicas y comunicativas. Sigamos con la imaginación: Lunes a primera hora, la maestra (o maestro) pide que, en un ejercicio de expresión verbal, cuenten lo que han hecho el fin de semana. Los veintitantos niños tardarán segundos en contar sus historias, nuestro PCI tardará un mundo en poder unir cada pictograma y expresar su idea. Quisiera recalcar aquí que el niño con PCI no es un deficiente mental. Es un ser humano que, por motivos neurológicos, tiene graves dificultades de comunicación. Pongamos un ejemplo. Si a un niño de tres años le preguntas cómo te llamas, casi con certeza te responderá de manera automática.
Una solución sería que no hiciera el ejercicio. No es válido. El niño está integrado en el aula y debe poder hacer las cosas que hacen los demás, y la que no pueda hacer se le adaptará. Para eso existen las Adaptaciones Curriculares.
En cuanto a la dotación de recursos humanos en los centros de ordinarios de Primaria de titularidad pública, luego entraremos en los de titularidad privada, cuando tienen niños con NEE tiene, por ley que estar dotados ellos. Es decir, Maestro de Audición y Lenguaje, maestro de Pedagogía Terapéutica y, si el niño lo requiere por sus necesidades de autonomía personal, Educadores.
Los dos primeros recursos está ya en casi todos los centros. El tercero es más conflictivo. Con demasiada frecuencia, se comparte con varios centros próximos. Un Educador no es un lujo, es una necesidad y, hace algo más que acompañar al niño en su aseo o autonomía. Le ayuda y le da soporte, en muchos casos, emocional y es un referente para estos niños que necesitan ayuda para satisfacer sus necesidades más básicas. Recordemos que Educador Escolar no solo está para PCI, sino que acompaña a niños con movilidad reducida, como alumnos afectados de espina bífida, alumnos sin ningún tipo de problema mental, alumnos incluso brillantes.
Otro de los aspectos que nos gustaría resaltar es la presión del medio. Los niños van al colegio a aprender. Ya hemos comentado el ritmo que llevan y su progresión. El tema de la integración es, hablando en términos de humanidad, fantástico. Pero hablando en términos de realidad, ya no lo es tanto. Cuando en el aula hay un niño con dificultades, necesariamente, ralentiza el ritmo de los demás. Y cuanto mayores sean las dificultades, más atención necesitará del maestro de aula. Esa atención se traduce en menor ritmo de aprendizaje en el aula. La presión del medio de la que hablaba hace un momento se expresa ahora. Los niños deben leer y escribir ya en Primero. Falso. Pero la sociedad así lo demanda. Los papás de los alumnos no afectados, felices en un principio de que sus hijos compartan aula con niños “diferentes”, comienzan a impacientarse cuando ven que el ritmo es muy lento o que “no leen tan bien como los del aula paralela”.
De los centro concertados, no quiero hablar. En teoría, solo en teoría, ofrecen las mismas herramientas que los ordinarios. Recordemos, para quien no lo sepa, que son centros de titularidad privada pero sufragados con fondos públicos. No son privados. La nómina de los docentes se hace efectiva mediante pago delegado, es decir, el Estado (o el gobierno autonómico) paga de manera directa. No paga el colegio quien, además recibe un cantidad por cada niño escolarizado. Eso es el convenio.






martes, 2 de enero de 2018

PINCHAR A UN NIÑO

PINCHAR A UN NIÑO

Llora en niño en la consulta,
voces femeninas,
tratan de calmar.
El atormentado infante
se debate
en brazos ajenos,
Busca a su madre,
busca a su abuela,
que con ojos vidriosos
le chistan,
le mienten,
hasta que llega
el “ya está”,
todo son aplausos,
y risas,
y “¿te doy un globo?”,
y “te doy una chuche?”
y el niño sale
agujereado
y contento.
Una lágrima resbala,
surca las mejillas rojas,
mientras sus carrillos
mastican la chuchería
y sus brazos cortos
atrapan el globo
y su madre,
o su abuela
la nariz se limpian…


Poema publicado en la Revista Valencia Escribe del mes de enero.



domingo, 24 de diciembre de 2017

Reflexiones para una mañana de Nochebuena.

Hace poco que me dedico a escribir. Mi mujer dice que estoy enganchado a la escritura. Será verdad. Nunca hay que dudar de lo que te dice la persona con la que estás compartiendo tu vida más de treinta y cinco años. Mi vocación tardía por la escritura nació de mi vocación tardía por la lectura. Puedo decir que, excepto los libros mandados en la carrera, había leído muy poco o ninguno.
Después vino mi matrimonio con una devoradora de libros que me inculcó el amor por la lectura. Desde entonces tengo ese sano hábito. Prefiero autores en lengua castellana. Manías que no curan los médicos. No es que deje a los traducidos pero me da no sé qué leer algo que otro ha interpretado. Es decir, el traductor no puede —en muchos casos— dar la visión con que el autor ha plasmado su idea. O al menos, eso creo.
Otra cosa que me molesta mucho es encontrar errores tipográficos, sintácticos o de otra índole en los escritos. También me dicen que más que leer, investigo entre las letras. Cierto, investigo y si algo no me gusta, soy capaz de dejar el libro. Me ocurrió con “El viejo y el mar”. Era una edición de bolsillo y después de tres páginas y un montón de errores, lo dejé. Confirmó mis sospechas de que no era bueno leer traducciones. También tengo que decir que volví a leerlo en otra edición y creo que ha marcado mi forma de escribir.
Prefiero los libros en lengua española, entre otras cosas porque me es más fácil. Ni inglés e igual que el español de los ingleses que vienen a veranear: 0. Mi francés no da para leer con comprensión. Soy capaz de leer en valenciano o catalán, pero me cansa. También puedo leer en portugués pero muy despacio. Al final, me quedo con el español con sus diversas acepciones.
He leído TODO (novelas y cuentos) de Vargas Llosa. Soy un fan de este peruano/español desde “La casa verde” y“La tía Julia y el escribidor”. Me gusta más sus escritos de primeros años que los comerciales. Cuando le dieron el Premio Nobel, mi hijo me llamó y me dijo. “Papá, os han dado el Nobel”. Me chiflan las aventuras que cuenta y cómo las cuenta. El discurso que pronunció cuando recogió el Premio Nobel vale la pena leerlo.
Otro de mis autores es García Márquez. Creo que también he leído gran parte de su obra. Me gustan muchísimo sus cuentos. Me parecen una delicia.
Isabel Allende. Sin más. Maravillosa.
Las biografías escritas por el autor: “Confieso que he vivido”, de Neruda, “Vivir para contarla”, de García Márquez que compré en Buenos Aires. “El pez en el agua”, de Vargas Llosa. En todas encuentras claves para la lectura de las obra, los puntos que ellos mismos marcan como importantes en sus novelas o poemas.
De los españoles: Zafón, Falconés, “La Catedral del Mar” es una delicia. Un libro que me marcó fue “La lluvia amarilla” de Llamazares y “Riña de gatos”, de Mendoza.
De las españolas: Asensi, Redondo, aunque tengo que decir que me gusto la primera de la trilogía del Baztan y la segunda la dejé porque no podía más.
Entre los extranjeros no hispanos quiero empezar por mi maestro Murakami, japonés. Si no lo has leído, ya puedes empezar. Tiene un mundo onírico digno de tener en cuenta y una manera de narrar que me embelesó. Sus relatos cortos o cuentos son preciosos. Cuando empezaba a leer me dio por tipos de literatura: de terror y médica. El maestro del terror, King fue de los primeros, también he leído gran parte de sus mamotretos. Incluso su manual de escritura que recomiendo más abajo. Cook es una delicia, si te gusta el género. Follet y sus ladrillos donde los personajes principales viven miles de páginas.
Fafka y Camús, son fantásticos.
Charles Bukowsk y su realismo sucio que descubrí gracias mi hijo pequeño y que me abrió nuevos cauces, aunque no acaba de gustarme demasiado la escritura tan dura en términos de plasticidad.
También he leído bodrios (a mi corto entender): Brown, infumable, más un guion de cine que una novela. Larsson y sus cuatro novelas, las dos primeras pasables y el resto, para alimentar el fuego.
Ya me cansa el tema de la novela histórica. Cuando se toma una línea, todo el mundo escribe lo mismo, y me aburre. Sobre todo cuando la idea que subyace es dar clases de historia. O demostrar la erudición del autor.
Un género nuevo para mí es la poesía. Soy maestro de primaria desde el setenta y nueve y hemos estudiado poesía con mis alumnos de sexto, séptimo y octavo de la EGB. Hemos aprendido poemas de memoria y los hemos recitado. No he sido lector de poesía. Siempre me ha parecido muy encorsetada en cánones hasta que descubrí, por casualidad, el verso libre. Es decir, las composiciones sin métrica definida ni rima concreta. Un batiburrillo donde casi todo vale, o al menos eso creía yo. Y me lancé a ella. Ahora ocupa gran parte de mi tiempo y tengo varios cientos de poemas de diversa extensión. Todos de verso libre.
También de casualidad me topé con el Haiku, otra vez lo japonés, me gustó y allí voy y allí vuelvo con esa maravilla de cinco, siete y cinco sílabas. Me parece la concisión total de un pensamiento, un relámpago.
No he dicho, todavía, que escribo relatos cortos. Por ahora no me he atrevido a más. Aunque tengo una novela en ciernes. No creía yo que escribir era tan difícil. Al principio me lo tomé como un simple ejercicio de vaciado de mi imaginación. Lo escribía, lo miraba, lo leía, lo releía y me parecía magnífico, una obra salida de mi cabeza y plasmada en un papel blanco. Una maravilla… hasta que se lo daba a leer a mi hijo mayor, periodista y escritor de gran talento que no se atreve a escribir porque es un perfeccionista, y me lo devolvía con un “no está mal, pero…” la retahíla era tan larga que me dejaba por los suelos. Es un crítico implacable con gran sentido estético y conocimiento de las técnicas de escritura. Con dotes de corrector de estilo. Y acababa por decirme: “Toma, léete esto”, manuales para escribir.
Me he “tragado”, dos veces, de arriba a bajo: Escribir ficción (Guías del escritor/Textos de referencia) de Gotham Writers' Workshop
‘Mientras Escribo’, Stephen King y su caja de herramientas y su habitación para escribir.
"Manual de escritura creativa y premios literarios", del valenciano Vicente Marco y con el cual tuve el placer de que recibir un curso.
Aunque tengo que decir que uno de los que más me impactó fuer “El héroe de las mil caras”, de Campbell.
Y un montón más de referencias en internet.
Otra piedra de toque es mi hijo pequeño, politólogo y devorador de libros. Pocas veces me dice nada de lo que le envío, pero cuando lo hace me deja destrozado. Es más duro que yo cuando le corregía los deberes o le preguntaba la lección. Temible y con un ojo crítico muy fino.

Desde que leí sobre escritura, he tenido la sensación de que sigo sin tener ni idea de cómo hacerlo. Lo único que me queda claro es que tengo que seguir leyendo y escribiendo. Y en eso estoy.